Decenas de quilates
Érase que se era un muchacho alto y flaco; él era de ojos café como la arcilla más oscura. Su anhelo más codiciando fue tener entre sus manos un diamante tan grande y sobresaliente como el “Montaña de luz”. Aquello era un deseo sin descanso, pues caía la noche y la quimera aparecía incluso en aquella negra y recóndita habitación de sus sueños.
Un día mientras vagaba por el camino del vigor y el temple, en la esquina de la incertidumbre, se le acercó un hombre de apariencia de camarón con “rostro”. Sus pupilas, de un negro color, vislumbraban intenciones de complacer el deseo de aquel flaco y desesperado joven. Con sus dos robustos labios empezó a ofrecerle un simple y admisible trato. — Podrás tener eso que tanto quieres, y estará colgando justamente a la altura de tu pecho, pero no deberás darle una atención desmesurada— dijo el hombre camarón que en ese momento cambiaba de un escarlata a pardo. Sin dudarlo, el joven tomó el diamante y se lo colgó a la altura del pecho
El diamante lograba brillar y como consecuencia, causaba un esplendor en el joven. Para cuando cayó el ocaso y no hubo más rayos de sol, el resplandor ya no era tan evidente. Cegado por la ilusión y queriendo sentir más aquella gema, el joven descolgó el diamante de su cuello y lo tomó entre sus manos queriéndolo acariciar y pensando en no soltarlo jamás. Para cuando el muchacho cayó en la sobre atención que le propiciaba era demasiado tarde. El diamante ya no se encontraba en sus manos, pues se había desvanecido.
Repentinamente empezó a sentir un dolor en su corazón; sentía cómo algo lo desgarraba por dentro lámina a lámina. En su angustia y amargura, aquel muchacho alto y famélico vio cómo de sus ojos caían decenas de quilates; estos no eran sólidos; esta vez en realidad eran líquidos.
Menta
Acerca tu intenso aroma. Hace rato que lo percibo desde varios metros. Su esencia es tan fuerte como ojos sin miedo, y una sonrisa poco empática. Quiero comer(te), me dominan las ganas y empiezo a sudar cada vez más… ¡Vamos respira!, ya puedes hacerlo.
Sueños de un pasado
—-Dedicado a MJ, quién le dio luz a mis sueños aún sin conocerla—-
Muchas veces creía ver su silueta entre las sombras de la calle. Otras veces imaginaba escuchar su voz entre los tumultos que se abarrotan en las tiendas. En ocasiones cuando me rodeaba de espejos, la veía acercándose y abrazarme por detrás, mientras sus labios jugaban con mi oreja. Y así durante mucho tiempo ansiaba encontrar a la mujer de mis sueños. Leer todo
Viviendo muerto
Poco a poco Carlos se fue despojando de cada uno de los órganos culpables de hacerle ahora recordar aquellos momentos. Desde cualquier perspectiva que se viese, aquello era cosa salida de una película de terror. Pero parecía tan fácil que hasta resultaba creíble intentarlo. Leer todo
Nocturno
CALOR, sólo sé que hace calor. La madrugada avanza mientras yo me SIENTO en un grado de retroceso, PUES me siento como quien se monta en escaleras eléctricas mirando hacia AL LADO contrario. Aunque TENGO ganas de dormir, mi mente no me lo permite, algo me inquieta. ¿Cómo llegué A este estado? Lo que sé, es que QUIEN no acepte que ha vivido esta situación de insomnio debe estar mintiendo. No es que ME compare con la noche pero todo está sumamente tranquilo. No fue un sonido lo que me DESPERTÓ. No entiendo CON que instrumento guiarme en estas situaciones. Estoy tranquilo porque sé que en vela me acompañan los APASIONADOS trabajadores nocturnos que al otro día arriban anunciando su llegada con BESOS a su familia. ¿Por qué estoy así? ¿Acaso no lo lees?
Fuego de luz
…y amaneció mi alma más temprano. Martes de lluvia y sol. Estoy más que seguro de que hoy te amé más que ayer. Me ubiqué en tu norte, y fui un triangulo agudo, veintisiete grados para ser exactos, para verte desde lo alto. Pero jamás querré irme a tu lado sur, de vista oscura, porque te vería ya menos que ayer. Anda enciende tu hoguera, fuego de luz, enciéndela en mi corazón; quémalo. Celebra el día en que estaré más en tu memoria. La luz hará su apogeo, resplandecerá en las lápidas de nuestros cuerpos, que serán monumentos más famosos que Stonehenge. Recuerda este día porque cuando llegue la noche, será una noche corta. Cansados de diez horas de luz, nada asegurará que sigas junto a mis pensamientos. Se cerraran nuestros ojos, pues mañana empezará otro día más corto que el de hoy. El solsticio ha concluido, el amor mañana lo sabremos…
Apariencia
Era obvio que los conocía a todos. ¿Cómo sería capaz de no hacerlo? Sería ilógico pues ellos tienen en parte, esa misma sangre que mis abuelos, algunos descansen en paz, con mucho amor nos transmitieron. Sangre que sus padres también poseen en mayor medida. Sangre, esa sangre que nunca he visto derramada o expuesta a la luz, pero sé que allí está. Porcentajes absurdos que la ciencia trata de cuantificar para explicar las razones de un comportamiento social: “altruismo”.
Son años de conocerlos, de vernos, claro que te conozco. ¿Me conoces? Yo sé que sí. Tragos, fiestas, comidas todo eso hemos compartido. Lo sabes muy bien, sabes lo que soy. ¿Recuerdas cuando caí aquella vez bajo la lluvia y el paraguas no fue capaz de taparme? ¿No lo sabías?… Entiendo… Recuerdas cuando tuve mi primer amor aquella persona de extraño nombre… No. ¿Tampoco?… Pues que extraño porque sé muy bien de ti… sé… sé tu nombre, sé tu ocupación, sé tu domicilio, sé el nombre de tus hijos y hasta de tu pareja…
Los años pasaron y la misma imagen de familia se mantenía. Los centímetros que aumentaron no parecieron importar mucho y la piel que envejecía tampoco. Tengo la misma imagen de tu persona, esa de la que me acuerdo cuando era muy chico, pero si algo es triste es saber que solo sé su nombre… su domicilio… su ocupación… su pareja y que sé distinguirte por aquella apariencia. Quizás es común… tener un centenar o más de familiares… y no contar con ninguno…
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Estás presente o no estás,
das la mano o simplemente
acercala falsamente,
sonríes o escondes diente.
No abrazas, tú aprisionas
mil caras ninguna de frente
día a día todas cambias,
no hay amor hoy existente.
Total que es la amistad,
más que apoyo inconsciente
circunstancia absurda, sí,
de la independencia, muerte.
Ladridos en una madrugada de abril
Aquellos eran días llenos de rayos de sol y repletos de risa. Tenía un par de esferas redondas, sí, eran redondas y con brillo, puesto que la luz se reflejaba en aire, es decir, no en agua. Los diez años y cuatro días de ladridos prometían júbilo y esperanza.
Estando allí donde me encontraba, solía rodearme de seres que me acompañaban, y a pesar de ser inanimados, me hablaban con sus lenguas de plástico y jadeaban. Me daban abrazos, que venían e iban, y al sonar de las carcajadas nuestras colas se movían.
Me sacudía en un mundo real, una dimensión paralela de una mente “inmadura” y navegaba libre. ¡Volaba libre!, volaba pues no teníamos collar, ni jaula ni cadenas que nos ataran. Rápidamente podía huir de un conflicto acompañado de mi amigo más fiel, un perro feroz y cariñoso. El gran guía en mi camino, que me llevaba de vuelta para encontrar un ambiente estable tan solo dos horas después.
Para el final de una tarde las hojas fueron cayendo, y sin quererlo mi amigo fue reemplazado por unas frías y calculadoras máquinas. Tristemente, éstas no me defendieron ni me dieron consuelo y tampoco soltaron un ladrido de ayuda en media madrugada. Todo cambió, para bien o para mal, pero aún me encuentro en tardes de abril.
Arroz con leche
Presente una vez más buscando respuestas a mi viaje pasajero. Encuentro emociones, paisajes, instintos fuera de lugar. Puedo divisar obstáculos extraños e invisibles bloqueando mi paso. Entre ellos pensamientos, ideas, costumbres y tradiciones sin verdadera importancia.
Me veo de pronto tratando de elegir entre un sólido, un sólido con sal, común y corriente, cocido con esquemas y aprobaciones. Por otro lado líquido también salado, un suero que corre y baña sutilmente nuevas experiencias que están fuera de lo común.
Ambos los observo como iguales, a pesar de sus múltiples diferencias, pues ¿cómo diferenciar entre cálido o frío, sombra y luz, entre un pelo corto y un pelo largo…? Me veo inhalando sus esencias mientras descubro sus virtudes, entre ellas un dulce aroma, que hace que crezca, me exalte, me excite, me incite y emocione.
Deseo el infinito, sea cual sea su presentación, siempre y cuando me sacie con su ser. Pues deseo contenerlo en mis adentros mientras voy andando por el mundo. Me vería sonriéndole a mi camino, rodeado de su dulce aroma, que surgió de un agregado de sales, combinado en uno solo y totalmente indiferenciado.
Viviría feliz cantando, inspirado por aquel aroma ya descrito, que brotó de lo más profundo y llegó para mejorar su ser y el mío. Cantaría algo como:
“…No quiero una señorita, ni que sea de la capital, ni que sepa cocer, ni que sepa limpiar, solo quiero a alguien que me abra la puerta…”
